viernes, octubre 25, 2013

Zoo

Continuando con el reino animal, el inmenso zoológico humano me turba los pensamientos hace largo tiempo. No puedo evitar el siguiente pensamiento ridículo: si un extraterrestre viniera al planeta tierra, le costaría demasiado diferenciar al humano de los demás animales ya que hacemos exactamente las mismas cosas intuitivas para la supervivencia y las mismas cosas inexplicables que no termino de entender.
Recuerdo, quizás haya sido ésta la primera vez, cuando vi una niña de unos 10 años, de origen nativo americano, tomando un vasito de jugo en un buffet de mala muerte en la estación Constitución del Subte C. Fué una imagen que no pudo borrarse de mi mente a pesar de los años que pasaron, como 5 o más. Ahí mismo, al ver la propagación de las ondas en el líquido, no pude evitar la comparación con un animal al beber de un estanque (o cualquier masa de agua) y formar las mismas ondas; se me vino a la mente la imagen de un ciervo bebiendo de un lago en el bosque. En ese preciso momento comprendí, que no somos más que animales con capacidades diferentes a los demás, pero animales al fin.
Desde aquel día no puedo dejar de ver humanos y compararlos con otras especies, como por ejemplo el brillo en los ojos de algunas personas, sus miradas, me recuerdan a los ojos de otros animales; hay quienes tienen mirada de perro: amigable, dulce, cariñosa, fiel; los hay también, con miradas felinas: astutas, sigilosas, seductoras; o miradas de pez incluso, como de inentendimiento, desconocimiento, duda, vacilación. Al igual que los ojos, otras partes del rostro también serán características de algunos animales, por ejemplo mentones de chivo, narices de mono, labios de tortuga. Lo mismo con los movimientos que realizan, aquellos que sean inquietos me recordarán a ratoncitos, aquellos mas lentos a un oso tal vez, depende la persona y el conjunto de características fisicas junto a sus comportamientos, que son la característica más sobresaliente. Aquellas personas que sean más bien escandalosas, me recuerdan a los simios, que se caracterizan por su temperamento alterado; las que sean tranquilas las puedo comparar con cebras, gacelas; los que sean aún mas tranquilos o "panchos" podrían ser koalas o perezosos.
De este modo es que vivo comparando a la gente, no lo puedo evitar, miro algún gesto, algún movimiento, alguna forma, y me remonta a algún animal de características similares. Los veo tan frágiles, tan inocentes, como cualquier animal indefenso y sin maldad, pero cuando abren la boca y expresan sus barbaridades, se pueden hacer amar como odiar.

No hay comentarios: